Los Infelices.

Antonio Gil.

Pocas veces ha sido más oportuna una novela como Los infelices de Fesal Chain. Aparece en el momento justo de nuestra historia, cuando los astros se alinean para conjurar tantos años de horror y vergüenza. Hiede ahí esa dictadura que se resiste a desaparecer de nuestro imaginario, porfiada y oprobiosa como esos malos sueños que nos amargan, como esas resacas endemoniadas que nos dejan los tiempos malignos. Y es que se nos perpetuó la tiranía en el abuso, la amenaza y la dictadura del dinero y los privilegios de la élite. Ocurre que los eternos diecisiete años de tiranía nos infligieron un durísimo golpe allí donde duele más: en la dignidad. Nos pusieron de una manera u otra ominosamente de rodillas, con el orgullo magullado y llorando.

De eso habla a nuestro entender Los infelices. Y recién ahora, con la masiva rebelión que alzó a más millones de chilenos que, como en un conjuro, nos estamos sacudiendo de aquella pesadilla, de esa maldición que cruzó generaciones dañando en el espíritu incluso a aquellos que no la vivieron en sus propias carnes. También Los infelices de Chain conjura esa peste que se prolonga en el alma de los protagonistas, como ocurre en las nuestras, y ventila la casa de olores nauseabundos. Escribe Chain nuestras miserias íntimas, nuestras pequeñeces, con pluma vigorosa y segura, cosa poco frecuente en nuestra nueva narrativa. Describe y señala nuestras ineludibles miserias y acomodos, en lo que viene siendo la primera novela chilena sobre nuestras vergüenzas.

Ahora que al fin nos hemos resuelto a poner fin a los resabios interminables de la arbitrariedad y el desasosiego, Chain nos dice que el derecho de vivir en paz requiere también mirarnos al espejo y descubrir la pequeñez a la que nos puede reducir el temor a la exclusión y el miedo al dolor social. Nos noqueó la dictadura y al incorporarnos no sabíamos cuál era nuestro rincón, y vacilantes intentamos caminar erguidos para abrazar al contrincante.

Importante novela la de Fesal Chain, dura y amarga también, con ese amargor tan chileno: natre, palqui, vesícula biliar atragantada de miedo. Una novela grande Los infelices, que la coyuntura política y social que la enmarca ha venido a convertir en una gran novela. Gran escritura sobre seres de mirada escurridiza, genuflexos y en extremo humanos, demasiado humanos, débilmente hombres, en un mundo deshumanizado y brutal que no deja salidas. Una sociedad que actúa como las "ratoneras" de la DINA, aunque el tiempo haya corrido junto a la sangre y el agua bajo los puentes. Una sociedad plagada de trampas y emboscadas donde nadie tiene asegurado su lugar y lo único cierto siempre es la derrota. La caída. La desgracia.

Resuma dolor Chain y su escritura en esta hora de la dignidad y la rebelión de las multitudes hastiadas. Este tiempo de las muchedumbres que claman por su derecho a dejar el vasallaje, para recobrar algo de la felicidad que nos han secuestrado con la dictadura del abuso, la usura y la tristeza.